Bien, así que la idea es hacer un programa de divulgación escéptica para toda la familia. Y el piloto, así lo he acordado con Euskal Telebista, versará sobre la conspiración lunar. En castellano. 40 minutos. Sin plató. Me han prohibido decir la palabra documental, porque suena muy serio y espanta, pero nada más ver al equipo todo el mundo comprende que no somos precisamente una ENG.
En set, 11 seres humanos cargados con tecnología aparentemente inadecuada para nuestros fines. Dos operadores con cámaras de fotos Canon, ópticas casi obscenas y unos soportes que parecen sacados de los descartes de Mad Max. Dos pértigas inalámbricas con sus respectivos pertiguistas y un jefe de sonido con una mesa colgada del cuello. Un presentador, Luis Alfonso Gámez, que, en realidad, no es un presentador. Dos personas de producción, una de redacción, el realizador (cargado con dos monitores) y yo mismo. Sensación térmica: dos grados bajo cero. Todo muy cómodo.

La grabación empieza a las 8:45 en la Facultad de Ciencias de la Universidad del País Vasco. Gámez se pasea despreocupadamente por los pasillos de la Facultad con el equipo entero atento a sus movimientos improvisados. Entra a quien se cruza, preguntándole si cree que el hombre llegó a la Luna. Todos dudan en un principio; nadie lo tiene claro. Imagina que un señor te ataca a las nueve de la mañana preguntándote sobre conspiraciones y te harás una idea de las caras que hemos grabado. Los estudiantes no entienden muy bien qué deben contestar para no hacer el ridículo; la sonrisa de Gámez no da ninguna pista. Y se lanzan: todo fue un montaje. De lo contrario, dice alguien, ¿por qué sólo fuimos una vez?
Gámez irrumpe en un aula, donde un grupo de estudiantes de geología se muestran divididos: unos aceptan que, indudablemente, Armstrong y Aldrin se pasearon por la Luna. Otros están convencidos de que todo fue una gran conspiración, y que las imágenes que todos conocemos fueron rodadas en un plató. Al fin y al cabo, dicen, la bandera ondeaba. Y en las fotos lunares no se ven las estrellas.
Al parecer, todo se rodó en Las Vegas. Quien lo dice será geólogo titulado en dos años.
Nos movemos como España, de lo público a lo privado, de la Universidad del País Vasco a la Universidad de Deusto. El alumnado, empresarios y picapleitos de luxe del mañana, nos miran como si los astronautas fuésemos nosotros.
Maria Jesús Cava, Catedrática en Historia Contemporánea, nos espera en el pasillo más señorial del edificio centenario de la universidad, localizado por el realizador y por mí mismo hace una semana. Cava nos habla con rotundidad y cercanía sobre la Guerra Fría y la carrera espacial. Sobre los bloques y el espionaje. Doce minutos de interesantísima entrevista de los que no puedo montar más de uno o la escaleta se vendrá abajo. Al terminar la entrevista, le digo al realizador que deberíamos colgar las entrevistas completas en alguna parte porque es una pena que la gente se pierda todo eso. Habrá que pensar en ello.
Paramos cinco minutos para tomar un caldo, cortesía de producción. Mientras entramos en calor, el equipo técnico comenta cómo, en efecto, parece increíble que algo con la apariencia de una lavadora (el Eagle) alunizase… y despegase de nuevo. Yo aprovecho para mirar la prensa en el teléfono. Veo que han salido al mercado unas bragas "de algas ionizadas" que dicen curar infecciones en los genitales femeninos. Se lo enseño a una de las chicas de producción, que muestra escaso interés.
Último desplazamiento del día. Nos vamos a un colegio, El Regato, en Barakaldo. Después de comer (rodeados de profesoras), Gámez entra en un aula de chicos y chicas de quince años, esa edad a mitad de camino entre la niñez y el terrorismo. Les pregunta lo mismo que, por la mañana, ha preguntado a los universitarios.
Cuatro de los quince chavales están convencidos de que la expedición del Apolo 11 fue una gran farsa. No saben decir por qué, pero sí saben (porque lo han leído en Internet) que hay algo extraño en esa bandera que ondea, y en las ausencia de estrellas, y en la nitidez de las fotografías. Una chica nos dice que leyó en Internet que todo se filmó en Las Vegas. Gámez le pregunta si cree todo lo que lee en Internet. Ella responde: "generalmente sí".
Acabamos la jornada de grabación con, aproximadamente, un 30% de creyentes en la conspiración lunar. Y con 90 minutos de material que la semana que viene tendré que dejar en 5.
De camino a casa, recibo una llamada. Mañana podremos entrevistar a Pedro Duque a través de Skype.